27 de mayo de 2026
Todo el mundo conoce la historia: el pintor loco que se cortó la oreja y se la regaló a una prostituta. Pero la realidad es bastante más compleja y, en muchos aspectos, más triste que el mito. Esto es lo que realmente ocurrió aquella noche de diciembre de 1888 en Arlés.
El 23 de diciembre de 1888, Vincent van Gogh y Paul Gauguin llevaban dos meses conviviendo en la Casa Amarilla de Arlés, en el sur de Francia. Era una convivencia tensa. Dos personalidades artísticas opuestas encerradas bajo el mismo techo, discutiendo constantemente sobre arte. Esa noche, tras otra pelea, Gauguin salió a dar un paseo. Van Gogh, en plena crisis, cogió una navaja de afeitar.
Lo que ocurrió después está documentado: no se cortó la oreja entera, sino solo el lóbulo de la oreja izquierda. Se lo envolvió en un paño, fue a un burdel cercano y se lo entregó a una mujer llamada Rachel pidiéndole que "guardara este objeto con cuidado". Luego volvió a casa y se desmayó en la cama. La policía lo encontró a la mañana siguiente en un charco de sangre.
La versión de que Van Gogh entregó la oreja a una prostituta como gesto romántico es una simplificación. Rachel no era una prostituta sino una limpiadora del burdel. Y el gesto parece más propio de un brote psicótico que de un acto de amor. Algunos historiadores creen que Van Gogh, profundamente religioso en su juventud, pudo estar reviviendo simbólicamente el pasaje bíblico en que Pedro le corta la oreja a un soldado romano.
En 2009, dos investigadores alemanes propusieron una teoría alternativa: fue Gauguin quien le cortó la oreja con su espada durante la pelea, y Van Gogh lo encubrió para proteger a su amigo. Aunque la hipótesis es fascinante, la mayoría de los expertos la descartan: no encaja con los testimonios de la época ni con la personalidad de Van Gogh.
Van Gogh padecía probablemente un trastorno bipolar, epilepsia del lóbulo temporal o una combinación de ambos, agravada por el consumo excesivo de absenta (una bebida de alta graduación alcohólica que podía provocar alucinaciones). El episodio de la oreja fue el primero de una serie de crisis que lo llevaron a ingresar voluntariamente en el hospital psiquiátrico de Saint-Rémy. Irónicamente, fue durante ese internamiento cuando pintó La noche estrellada, su obra más famosa.
Tras el incidente, Van Gogh pintó dos autorretratos con la oreja izquierda vendada. Son documentos excepcionales: el artista no se representa como una víctima, sino con una mirada serena y penetrante. Son, quizás, la prueba más clara de que era plenamente consciente de lo que hacía y de lo que suponía su enfermedad para su arte.
En total, Van Gogh pintó más de 70 cuadros en los últimos 70 días de su vida. Su historia no es la del loco que se cortó la oreja, sino la de un hombre que convirtió su sufrimiento en algunas de las imágenes más hermosas jamás pintadas.
Publicado en FundamentosArtísticos.com · Blog de recursos de arte para ESO y Bachillerato