10 de julio de 2026
Imagina un videojuego en el que, para que salga el sol, tienes que pintar un círculo en el cielo. O en el que cortas un tronco trazando una línea con un pincel. Ese juego existe: se llama Ōkami, salió en 2006 y es una de las obras más bonitas de la historia de los videojuegos.
En Ōkami controlas a Amaterasu, la diosa del sol de la mitología japonesa, que vuelve a la Tierra convertida en una loba blanca para devolver el color a un mundo que se ha marchitado. Lo creó el estudio japonés Clover Studio, dirigido por Hideki Kamiya.
Todo el juego parece pintado a mano: los contornos tienen el grosor irregular de un pincel y la pantalla tiene la textura del papel. Imita dos tradiciones del arte japonés. La primera, el sumi-e, la pintura con tinta negra hecha de hollín, en la que el artista pinta con pocas pinceladas y sin poder corregir. Su gran maestro fue Sesshū Tōyō, en el siglo XV. La segunda, el ukiyo-e, los grabados de colores planos y contornos claros que hizo famosos Hokusai con La gran ola.
La idea más genial del juego es el pincel celestial: en cualquier momento puedes parar la acción, la pantalla se convierte en una hoja de papel y pintas encima. Un círculo hace salir el sol; una espiral, viento; una línea, un corte. En el arte zen existe un ejercicio parecido, el ensō: pintar un círculo de una sola pincelada, que muestra el estado de ánimo de quien lo traza.
Ōkami vendió poco al principio y el estudio que lo hizo cerró en 2007. Pero la crítica lo adoró, y con los años se ha relanzado varias veces en nuevas consolas. En diciembre de 2024 se anunció, por fin, una segunda parte. A veces una obra tarda en encontrar a su público… como les pasó a muchos pintores.
Paisaje haboku, de Sesshū Tōyō (1495). Dominio público · Wikimedia Commons
Publicado en FundamentosArtísticos.com · Blog de recursos de arte para ESO y Bachillerato