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Historia del Arte

Las estatuas griegas no eran blancas: estaban pintadas de colores

12 de junio de 2026

Cierra los ojos e imagina una estatua griega. Seguramente la ves blanca, de mármol brillante, como el Discóbolo o la Venus de Milo. Pues los griegos no la habrían reconocido: sus esculturas y sus templos estaban pintados de colores vivos. Pelo castaño, labios rojos, ojos con pupilas y ropas llenas de dibujos.

¿Dónde se fue el color?

La pintura antigua era frágil. En más de 2.000 años, la lluvia, el sol y los siglos bajo tierra la fueron borrando. Y a veces la borramos nosotros: durante mucho tiempo, coleccionistas y restauradores frotaban los restos de color pensando que eran suciedad, para dejar el mármol «limpio».

El mito del mármol blanco

Cuando los artistas del Renacimiento desenterraron las estatuas romanas, ya casi no tenían color, así que copiaron ese ideal blanco. Siglos después, en el Neoclasicismo, el historiador Johann Joachim Winckelmann defendió que la belleza perfecta estaba en el mármol puro, de «noble sencillez y serena grandeza». Esa idea se metió en museos, palacios y libros de texto… y llegó hasta hoy.

Cómo se descubre un color invisible

Hoy los científicos iluminan las estatuas con luz rasante, que hace visibles las marcas que dejó la pintura en la piedra, y con luz ultravioleta, que hace brillar de forma distinta los restos de pigmento. Hay un truco especialmente bonito: el azul egipcio, el pigmento azul más usado en la Antigüedad, emite una luz infrarroja que una cámara especial ve como si brillara en la oscuridad. Así se han encontrado restos de azul en los relieves del Partenón.

Dioses en color

Desde 2003, los arqueólogos Vinzenz Brinkmann y Ulrike Koch-Brinkmann recorren el mundo con la exposición Dioses en color, en la que pintan copias de estatuas famosas según las pistas que han dejado los pigmentos. La más llamativa es la del arquero del templo de Afaya, en la isla de Egina: lleva unos pantalones ajustados llenos de rombos de colores. ¡Nada que ver con la estatua blanca que imaginamos!

¿Y los romanos?

También pintaban. El Augusto de Prima Porta, la estatua más famosa del primer emperador, conserva restos de color en la ropa y en la armadura. Así que la próxima vez que veas una estatua clásica en un museo, intenta imaginarla como la vieron sus contemporáneos: con el color de una película, no el de una fotografía en blanco y negro.

Reconstrucción en color de un arquero del frontón del templo de Afaya, en Egina, con pantalones de rombos de colores

Reconstrucción experimental del arquero de Egina. Foto: Aquaplaning · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons


Publicado en FundamentosArtísticos.com · Blog de recursos de arte para ESO y Bachillerato