4 de noviembre de 2026
Una figura sin pelo, con las manos en la cara y la boca abierta bajo un cielo naranja. Seguro que la has visto en memes, camisetas, tazas… y, si te fijas, hasta en tu teclado de emojis. Es El grito, del noruego Edvard Munch (1863-1944), y su historia da para una película de atracos.
Munch pintó la primera versión en 1893 (en noruego se llama Skrik). En su diario contó que paseaba por un camino al atardecer con dos amigos cuando el cielo se volvió rojo sangre y sintió «un grito infinito que atravesaba la naturaleza». Mucha gente cree que el personaje está gritando, pero según Munch es al revés: es la naturaleza la que grita, y la figura se tapa los oídos. El lugar existe: una colina sobre la ciudad de Oslo.
Hay varias teorías. Una de ellas sostiene que Munch vio de verdad un atardecer así: en 1883 había entrado en erupción el volcán Krakatoa (Indonesia), y sus cenizas tiñeron de rojo los atardeceres de medio mundo durante meses. Otras hablan de unas nubes especiales de colores muy vivos. Nadie lo sabe con seguridad, y a lo mejor Munch simplemente pintó cómo se sentía, que es la gran idea del expresionismo.
Munch no pintó un solo Grito: hizo cuatro versiones, dos pinturas y dos pasteles (más una litografía para poder imprimirlo). Casi todas están en museos de Oslo; la única que sigue en manos privadas es un pastel de 1895.
El 12 de febrero de 1994, el día en que empezaban los Juegos Olímpicos de Invierno de Lillehammer, dos ladrones entraron por una ventana de la Galería Nacional de Oslo y se llevaron una versión en un minuto. Pidieron un rescate, la policía montó una trampa y el cuadro volvió a casa en mayo, sin daños. En 2004, otros ladrones armados y enmascarados entraron en pleno día en el Museo Munch y robaron otra versión: tardó dos años en aparecer.
En mayo de 2012, el pastel privado se vendió en una subasta de Sotheby's en Nueva York por 119,9 millones de dólares, un récord para una obra de arte en aquel momento. Más de 130 años después, la figura sigue tan viva que el emoji 😱 («cara gritando de miedo») se parece muchísimo a ella, y la máscara de la película Scream recuerda tanto al cuadro que muchos la ven como un homenaje. La razón es sencilla: Munch no pintó una escena, pintó una emoción, la angustia, y esa la entiende cualquiera en cualquier época.
El grito (1893), de Edvard Munch. Museo Nacional de Oslo. Dominio público · Wikimedia Commons
Publicado en FundamentosArtísticos.com · Blog de recursos de arte para ESO y Bachillerato