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Curiosidades

Cuando el arte era deporte olímpico: medallas de pintura y escultura

24 de julio de 2026

¿Te imaginas subir al podio de unos Juegos Olímpicos por pintar un cuadro? Pues durante 36 años fue posible. Entre 1912 y 1948, los Juegos tuvieron concursos de arte con medallas de oro, plata y bronce, igual que el atletismo o la natación.

La idea de Coubertin

El barón Pierre de Coubertin, el francés que resucitó los Juegos Olímpicos en 1896, pensaba que en la antigua Grecia el deporte y el arte iban de la mano: los atletas inspiraban a escultores y poetas. Quería unir otra vez «el músculo y la mente», así que, a partir de los Juegos de Estocolmo de 1912, se repartieron medallas en cinco categorías: arquitectura, literatura, música, pintura y escultura. Había una sola regla: la obra tenía que estar inspirada en el deporte.

El oro secreto del jefe

En aquel primer concurso, la medalla de oro de literatura fue para una Oda al deporte firmada por dos desconocidos, Georges Hohrod y M. Eschbach. Años después se supo la verdad: no existían. Eran nombres falsos del propio Coubertin, que se presentó a escondidas a su propio concurso… y lo ganó.

Medallistas en el estadio y en el museo

Algunos consiguieron medallas en las dos cosas. El estadounidense Walter Winans fue campeón olímpico de tiro en 1908 y, en 1912, ganó el oro de escultura con una figura de bronce de un caballo de carreras. Y en París 1924, el pintor irlandés Jack B. Yeats, hermano del poeta W. B. Yeats, ganó la plata con un cuadro de una carrera de natación en el río Liffey: fue una de las primeras medallas olímpicas de Irlanda como país independiente.

¿Por qué desaparecieron?

Los concursos de arte se celebraron por última vez en Londres 1948. Había dos problemas. El primero, que los Juegos solo admitían deportistas aficionados, y casi todos los artistas vivían de su trabajo: eran profesionales. El segundo, que es muy difícil decidir quién gana cuando se compara un poema con otro o un cuadro con otro. Desde entonces, en lugar de concursos, las ciudades olímpicas organizan exposiciones y festivales culturales, sin medallas.

Así que, aunque hoy nos parezca extraño, durante casi cuatro décadas un pincel pudo valer tanto como una jabalina.

Primera página de la Oda al deporte, el poema con el que Pierre de Coubertin ganó la medalla de oro de literatura en 1912

Oda al deporte, de Pierre de Coubertin (1912). Dominio público · Wikimedia Commons


Publicado en FundamentosArtísticos.com · Blog de recursos de arte para ESO y Bachillerato